Todos hemos visto alguna vez en la televisión a una muchedumbre enfurecida gritando a las puertas de un juzgado “¡asesino!” mientras una persona que ha acabado con la vida de otra va a enfrentarse a su juicio.
Sin embargo, ¿estamos realmente ante un asesino? ¿Matar a una persona es cometer un delito de asesinato en todo caso? ¿Son sinónimos el asesinato y el homicidio?
La respuesta es clara: NO. Ser un homicida no es lo mismo que ser un asesino, y esta diferencia se explica en los artículos 138 y 139 de nuestro Código Penal.
El artículo 138 del Código Penal se limita a establecer que “el que matare a otro será castigado como reo de homicidio”. Es decir, quien mata a alguien está cometiendo un delito de homicidio, de momento es sencillo.
Ahora es cuando entra en juego el artículo 139 del Código Penal, que establece que estaremos ante un asesinato cuando en un homicidio concurra alguna de las siguientes circunstancias:
- Alevosía La alevosía supone matar a otro habiendo asegurado la situación de tal forma que la víctima no tenga posibilidad de defenderse o ser auxiliada, es decir, asegurando la superioridad frente a ella y la facilidad de cometer el delito. Encontramos alevosía, por ejemplo, cuando una persona mata a otra bien entrada la madrugada y alejada de un núcleo urbano.
- Por precio, recompensa o promesa Aquí estamos ante el asesinato cometido con afán de conseguir algo que otra persona ha prometido dar. Por ejemplo, aquel que mata al sujeto A porque el sujeto B le ha prometido pagarle diez mil euros si lo hace.
- Con ensañamiento El ensañamiento consiste en aumentar de forma voluntaria e innecesaria el dolor de la víctima antes de su muerte, es decir, causar la muerte de forma lenta y dolorosa. Estamos ante ensañamiento cuando una persona asesina a otra apuñalándole quince veces siempre que la muerte se haya producido con la última puñalada o después de esta ya que, si la primera puñalada es la que produce la muerte, las posteriores no causan ese dolor innecesario.
- Para facilitar la comisión de otro delito o para evitar que se descubra Aquí podemos situar dos ejemplos. Se comete un asesinato para facilitar la comisión de otro delito cuando se entra a robar en una vivienda habitada y se asesina a sus dueños para poder proceder con mayor facilidad. En cuanto al asesinato como encubridor de otro delito, encontramos caso en el que una persona comete un delito de violación y, tras esto, asesina a la víctima.
Como ya hemos señalado anteriormente, no tienen que darse todas las circunstancias al mismo tiempo, sino que basta con que solo se presente una de ellas.
Como vemos, el asesinato es un delito más grave que el homicidio, pues se atenta contra el derecho a la vida al tiempo que se producen las circunstancias agravantes que hemos citado. Es por esto que el asesinato es condenado con una pena mayor (de 15 a 25 años de prisión) que el homicidio (de 10 a 15 años de prisión).
De todas maneras, si tienes alguna consulta sobre este u otros temas, no dudes en contactar con nosotros, ¡en Bufete Galán estaremos encantados de ayudarte!